Perdí. Me caí, me levanté y volví a caer y levantarme mil y una más. Ahora que por fin he conseguido empezar a andar siento que cada tropiezo se llevó una parte de lo que fui. El tiempo es el mejor remedio (dicen). Miro mi cuerpo y cuento mis cicatrices, aún hay muchas que sangran, pero otras, por suerte, empiezan a cicatrizar. Sé que no será fácil. Sé que es tan sólo un principio, un pequeño paso en este gran camino que espera. Y para el que voy acumulando fuerzas.
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