lunes, 27 de febrero de 2012

Moriría por ti, MARTÍN

-Yo voy a estar contigo ¿sabes? Porque no sé cuando me enamoré ni cuánto, porque no hay metros cúbicos ni litros para medir todo eso. Pero sí sé por qué. Porque tienes un hueco aquí, entre el hombro y el pecho y cuando pongo la mano me
siento en casa. Y porque siempre que veo las fotos tuyas sales siempre sonriendo. EN TODAS. ¿Y tú? ¿Por qué te enamoraste de mí?
+Yo no escogí enamorarme de ti, pero la primera vez que te besé nuestros dientes se rozaron por una milésima de segundos... y fue increíble. Y la hora exacta de ese beso eran las once menos cuarto, fijé la hora del reloj para que se quedara detenida para siempre... parada..
El minuto exacto en el que me besaste está metido en un reloj, parado. Siempre. Y ya nunca sé qué hora es. Pero me da igual.
Y desde entonces miro constantemente el reloj. ¿Sabes lo que me gustaría? Estar tumbado contigo, sobre la hierba, mirando ese amanecer naranja que se ponen los dias de verano y que empezara a nevar y sentir los copos en la cara y tu mano.
-Una vez le preguntaron a Lewis Hine, un fotógrafo de guerra, por qué había escogido esa profesión. Él contestó que si pudiese contar con palabras todo lo que veía no necesitaría cargar todo el día con una cámara de fotos. Que ciertos momentos de belleza, de desolación, de horror, y de egoísmo, estaban más allá de las palabras. Yo también lo creo. Hay cosas que no podemos expresar con simples palabras. Cosas como seguir vivos, sentimientos como el amor y el compromiso. Quizá por eso nuestra vida se compone de imágenes. Momentos congelados para siempre. De decisiones que cambian sin remedio el rumbo de las cosas. De fotografías fijas guardadas en la memoria que nos recuerdan cada segundo lo hermoso que es vivir. De verdad, lo hermoso es vivir, pero solo si es junto a ti. (7)

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