jueves, 19 de abril de 2012

Quien acompaña a la princesa, siempre es su príncipe.

Pero en tu vida, llegas a un día en el que te preguntas cuanto tiempo estuviste buscando a alguien. A ese alguien que te hiciera llorar, pero que también te hiciera reír al mismo tiempo. Esa persona que cuando pasara a tu lado, te saliera una sonrisa sin que tu te dieras cuenta. Esa persona que cuando todas tus amigas tenían novio, tu tanto extrañabas. No pedías tanto, tan solo pedías una persona que te hiciera feliz, una persona a la que tu quisieras y ella te quisiera también a ti. Llegó ese día, un veinte de diciembre de dos mil once, que cuando menos te lo esperabas, en el sitio que menos te esperabas, apareció. Al principio, no todo era como querías, no todo eran te quieros, y a veces ni si quiera un "hola". Poco a poco, las cosas cambiaron, dejaron de ser simples convers por el tuenti, a empezar a ser conversaciones en el recreo. Hasta que un día, siete de febrero concretamente, pasó algo, que daría en tu vida un giro de 180º. Aparecieron los "te quieros", pero desde el día que llegaron, tuvieron como objetivo no volver a irse, nunca, jamás. 
A veces, la mayoría de los días, te gustaría decirle a esa persona, todo lo que sientes por ella, lo mucho que la quieres, que darías la vida por ella. Un día ya diste la vida por que esa historia que soñabas cada noche, se hiciera real, y darías lo que fuera por que fuera a si una y mil veces más. 

Sí tú, Martín.

No hay comentarios:

Publicar un comentario