Entonces tus formas tenían el sentido perfecto, al compás que marcaba el movimiento de las velas que cubrían las ventanas. Como parte de un plan perfectamente preparado, te imaginaba siempre con la cantidad justa de luz, la suficiente como para que yo, pudiese hacer el resto. Me descubrí mirándome, y fue entonces cuando quise conocer detalle a detalle lo que había en mí, allí fue cuando por primera vez te descubrí en mí. Allí estabas tú, en cada movimiento, en cada parpadeo, sorprendida por ello, decidí continuar mirándome, pude descubrirte en cada uno de los pasajes de mi cuerpo, en algunos más escondidos que en otros, pero en casi todos estabas bien presente.
¿Por qué estaba sucediendo? ¿Por qué tú y yo formábamos solo un elemento?¿Un solo ser?
Quizás te había pensado tanto, que de poco en poco, me fui componiendo contigo, hasta descubrir completamente que yo estaba hecha, de pedacitos de ti.

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