martes, 3 de julio de 2012

Sea como sea, seguimos cumpliendo un siempre.


¿Cómo empezó todo? Buena pregunta, un 7 de febrero de dos mil doce, ese día, cuando quise darme cuenta, ya estabas en mi vida. Habíamos escapado de la rutina, de las costumbres... Estábamos los dos, poniendo rumbo a ninguna parte, porque tanto el destino como la dirección eran lo de menos. Nada nos detenía, bueno salvo los semáforos y las gasolineras, donde parábamos a coger fuerzas, para seguir en nuestro viaje sin destino. A veces tenía miedo, pero no te decía nada, tan solo te miraba, y tú me abrazabas, mientras me prometías que todo iba a salir bien, entonces me tranquilizaba, porque pasará lo que pasará, sabía que ibas a estar a mi lado.  A veces eras tú el que no podía con todo, y yo era la que te abrazaba y te recordaba que juntos, éramos invencibles. Y así seguimos, sin rumbo por la vida, buscando la manera de que nada nos separe, de estar juntos, de acortar las distancias, de vivir nuestra historia sin que nadie se entrometa. ¿Y sabéis qué? No me arrepiento. Es como cuando se te escapa esa sonrisa tonta cuando te dice que te quiere, cuando con el último beso del día ya lo estás echando de menos, cuando tienes unas ganas irresistibles de estar con el a solas, cuando te da igual llegar tarde a casa si el te acompaña, cuando a pesar del frío que hace tú sonríes porque el te está abrazando, no sé, es algo extraño que me haces sentir, y esque a veces el mas pequeño de los besos encierra el amor más grande...
 Simplemente, darte las gracias por seguir a mi lado cada día.



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