Hace
semanas que te fuiste. La última vez que te vi, no pensé que estaría tanto
tiempo sin ti, de haberlo sabido, te hubiera dicho tantas cosas… Te echo tanto
de menos… Me haces tanta falta.
Extraño
ver tus privados nada más despertarme, y que en mi twitter ya no hay menciones,
ya ni comentarios con un simple “¿qué tal?”, es una tontería todo esto, pero el
hecho de que no tenga nada de esto, hace que te recuerde más a ti, me recuerda
que tú no estás.
Oír a mi
padre preguntarme por ti, que qué tal te va me dice, muchas veces, ya no sé ni
qué contestar.
Echo de
menos hablar sobre lo nuestro, discutir sobre el fútbol, hablar de los demás,
esos sábados donde no importaba nada ni nadie más, éramos dos, el resto del
mundo no importaba.
Y
tocarte, no sabes cómo extraño tocarte. Abrazarte, besarte.
Ver cómo
me mirabas, cuando estábamos frente a un espejo.
Sí, echo
de menos que me mires, y poder notar tu mirada en mis ojos.
Echo de
menos tu olor, tu voz, tu risa. Echo de menos esa mirada, cuando nadie nos
miraba, ese roce casual, que nada tenía de casual. Esas pequeñas cosas, que
solo tú y yo sabíamos que existían.
Odio que
suene el teléfono, y no seas tú. Odio que todo el mundo me mire con pena, que
sientan pena. Yo no quiero su pena, quizás si su comprensión, pero su pena, ya
no. Me da igual que no lo entiendan, que no crean en nosotros. Solo tú y yo
sabemos, que realmente estamos hechos el uno para el otro… aunque estás lejos,
tan lejos…
Te echo
de menos, gordi.
Desde
que te conocí, siempre has estado ahí, a mi lado, como un amigo, como novio,
como mi amor. Siempre has estado conmigo, y siempre pensé que sería así. No
puedo estar un día más sin verte, sin tocarte, sin tenerte, ni un día más.
Doce
días sin ti, Martín, ni un solo día más…
No hay comentarios:
Publicar un comentario